La flauta es un instrumento común a la
mayoría de civilizaciones. De hecho, casi todas las culturas han desarrollado,
en un momento u otro de su historia, una variante de flauta. La flauta de pico
tal como se conoce actualmente se desarrolló en Europa durante la Edad Media. Al
comienzo de este período desempeñaba el papel de solista. Sin embargo, ya en la
Baja Edad Media, y sobre todo a partir del siglo XVI, se constató la progresiva
aparición de familias enteras de flautas. de este modo, durante el Renacimiento,
la flauta de pico se situó en un lugar destacado. Este proceso culminó con su
incorporación a la orquesta en el siglo XVII y con un interés creciente por
parte de los compositores para dotarla de repertorio propio. No obstante, la
mayor versatilidad y la sonoridad brillante de la flauta travesera desplazó a la
de pico de forma implacable. A partir de 1750 fue desapareciendo de las
formaciones orquestales. Durante el Romanticismo sobrevivió gracias a los
músicos aficionados hasta que fue rescatada de nuevo por los profesionales a
principios del siglo XX. La construcción de réplicas de flautas barrocas y su
presencia en ensembles especializados ha sido una constante desde
entonces. Así pues, se asiste a un segundo reinado de la flauta de pico que ha
contribuido a fomentar las nuevas escuelas pedagógicas y la expansión del
instrumento más allá del ámbito clásico
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